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PLANEAMIENTO DE LA INVESTIGACIÓN

 

1. Selección y formulación del problema

            Hemos afirmado que la ciencia puede considerarse, de algún modo, como una actividad social, específicamente ligada a la búsqueda y obtención de conocimientos. Este carácter social que posee se evidencia, preponderantemente, en el momento en que el investigador inicia su trabajo, es decir, cuando éste decide qué va investigar y por qué motivos ha de hacerlo. Es allí cuando, en efecto, se expresan las preocupaciones, los hábitos, los intereses y las inquietudes que mueven a los hombres en su vida social.

            El científico que intenta profundizar el conocimiento de cualquier aspecto de la realidad que lo circunda no deja de ser, naturalmente, un hombre tan concreto como cualquiera de los otros, como el administrador, el político, el artista o el empresario. Está sujeto a las mismas normas, los mismos valores e ideologías que afectan a sus contemporáneos, que ejercen una influencia inconsciente y difusa la cual, por eso mismo, es más difícil de reconocer. Es por esta razón que su elección del problema a estudiar no ha de ser arbitraria sino que, por el contrario, habrá de reflejar las particulares circunstancias que él y su sociedad viven.

            La afirmación anterior debe entenderse en un sentido general y no mecánico, pues esas circunstancias sociales que mencionamos admiten siempre un amplio campo de libertad y plantean una variedad inmensa de problemas, Sostener otra posición significaría eliminar totalmente el margen de autonomía que posee el trabajo científico, y postular un reduccionismo inaceptable por lo manifiestamente falso.

            Existen innumerables formas en las que puede surgir un problema de investigación; puede ser que por nuestro contacto o trabajo para alguna institución, organización o empresa encontremos conveniente aclarar algunos puntos –ya sean éstos teórico-prácticos o estrictamente teóricos– que irán a ayudar al desenvolvimiento de la misma. Así, por ejemplo, puede resultarnos una valiosa ayuda conocer cuál es el nivel socio-económico y el tipo de aspiraciones académicas de los alumnos de una universidad, si ésta se está planteando desarrollar un plan extensivo de becas, o pude resultarnos útil profundizar sobre las relaciones que existen entre motivación y aprendizaje, si estamos interesados en elaborar nuevos métodos pedagógicos. Esta es la forma más directa en que la práctica sugiere puntos relevantes para la atención del investigador. También puede suceder que una persona con amplia experiencia en algún tipo de actividad sienta en algún momento la necesidad de sistematizar e integrar la misma a la luz de determinados marcos teóricos; en este caso la experiencia previa del investigador se constituye en la más importante fuente de datos empíricos a ser tenida en cuenta. En otras circunstancias lo que atrae la atención del estudioso es algún tema ya tratado pero sobre el cual advierte vacíos o errores que es posible subsanar mediante un trabajo científico. Así, las falencias observables en la teoría clásica del subdesarrollo llevaron a muchos científicos sociales latinoamericanos a un intenso trabajo de elaboración y profundización. Otra posibilidad, muy rica para sugerir temas de indagación, es la de estudiar cómo ciertos fenómenos ampliamente conocidos teóricamente se expresan en determinada realidad específica. Del mismo modo las analogías que presentan hechos aparentemente muy distantes son a veces fuente de interrogaciones, fecundas en hallazgos de significación.

            Esta lista de posibles formas en que puede presentarse un problema al investigador no tiene la intención de ser exhaustiva ni completa. Más bien pretende dar una idea de la amplitud de situaciones en que puede ser encontrado un tema que tenga la suficiente importancia como para  justificar una investigación científica. Por otra parte, debemos advertir a todos aquellos que comienzan a realizar trabajos de este tipo, que no solo los "grandes temas" o los problemas de actualidad merecen nuestra atención. Muchas veces el trabajo que se realiza sobre campos del conocimiento aparentemente poco fecundos o de escasa relevancia, cobra de pronto importancia, ya sea porque es necesario para completar o definir una teoría general o porque la vida misma plantea inesperadamente su valor. En este sentido cabe recordar cómo el desarrollo de algunos problemas matemáticos puramente teóricos fue indispensable para que A. Einstein formulara su teoría de la relatividad generalizada, o la forma en que, en los últimos años, cobraron vigencia los anteriores y pocos conocidos estudios que se realizaban sobre ecología.

            Una vez seleccionada el área de investigación sobre la que habremos de trabajar es preciso recapitular la información que poseemos sobre ella y pasar a formular en sí mismo el problema a investigar. Un problema de investigación no es lo mismo que un problema práctico sino un desafío en el plano del conocimiento y afirmábamos, también, que un problema queda expresado entonces bajo la forma de alguna o algunas preguntas básicas a ser respondidas. Determinar con exactitud y claridad tales preguntas es esencial y difícilmente podrá exagerarse la importancia de esta tarea: eso se comprenderá distintamente si pensamos que, si la pregunta es oscura, imprecisa, o poco congruente resultará imposible encontrarle una satisfacción que sea más clara o menos confusa que ella misma. No en vano se dice que formular correctamente un problema es alcanzar ya la mitad de su respuesta.

            ¿Cómo puede lograrse esta adecuada formulación? En primer lugar, para hacerlo, es necesario conocer el tema en estudio con la mayor profundidad asequible. No será imprudente tratar de sistematizar las ideas y diversas posiciones que existan al respecto con lo que nos introduciremos, evidentemente, en la siguiente tarea: la de construir un marco teórico. Esto es saludable y en nada debemos temer el saltar el orden del modelo de investigación pues éste, como decíamos, no es más que una simple guía que solo debe respetarse en tanto no trabe la marcha de la investigación misma. En segundo lugar será conveniente hacer un autoexamen de los propósitos que nos orientan: definir, con la mayor sinceridad posible qué sabemos ya, qué deseamos saber, qué elementos presentan dudas y puntos de vista sin aclarar del tema seleccionado. Por último, será prudente en todo caso someter a un análisis lógico a nuestras proposiciones, para vigilar su consistencia interior, su correspondencia o no con otros elementos teóricos ya conocidos.

2. Tipos de investigación

            Una vez seleccionado un problema que merezca la atención del investigador se hace imprescindible formular la siguiente pregunta: ¿Cuál es el objeto de estudiar el problema X? Dicho de otro modo, es preciso determinar, en esta fase inicial del trabajo, los objetivos básicos que persigue nuestra investigación, tarea que debe ser realizada con rigurosidad y en forma explícita. Hemos observado que en algunos casos, los objetivos que se designan para un trabajo escapan, por su naturaleza puramente empírica, a los que corresponden a una investigación. Debe recordarse que hacer ciencia es tratar de aportar nuevos conocimientos sobre algún aspecto de la realidad, por lo que toda investigación puede definirse como el intento de conocer algo, de averiguar algo, de saber algo. No es investigación, por lo tanto, la prueba de un nuevo método de ventas a domicilio, ni la programación del contenido curricular de una cierta carrera, ni la redacción de un material de divulgación con fines pedagógicos. En cambio, si deseamos saber cuáles de los sistemas de ventas que se utilizan son más eficientes, o si queremos determinar cuáles son las ventajas y desventajas que perciben los alumnos en un cierto currículo, estaremos haciendo, indudablemente, algún tipo de investigación, pues en estos casos nuestra intención es ampliar nuestros conocimientos sobre una cierta esfera de problemas.

            Una investigación puede hacerse para satisfacer una amplia variedad de necesidades; puede ocurrir que nuestros estudios se encaminen directamente a conocer los aspectos que nos permitirán resolver mejor una situación concreta, a obtener elementos necesarios para luego actuar sobre ella en un sentido específico. En otros casos, un estudio se justifica simplemente por la necesidad de esclarecer algún problema que resulta de interés dentro del mundo científico, por más que no se vislumbren aplicaciones directas para sus resultados. Cuando analizamos los fines que, en este sentido, persigue nuestro trabajo, nos estamos refiriendo a sus objetivos “extrínsecos o externos”, porque se refieren a la utilidad que, fuera del ámbito estrictamente científico, van a tener las conclusiones que saquemos. Desde este punto de vista las investigaciones suelen clasificarse en dos grandes tipos: “puras y aplicadas”.

            Son investigaciones “puras” aquellas que no persiguen una utilización inmediata para los conocimientos obtenidos, aunque ello no quiere decir, de ninguna manera, que estén desligadas de la práctica, o que sus resultados, eventualmente, no vayan a ser empleados para fines concretos en un futuro más o menos próximo. Por ejemplo, las indagaciones que varios científicos realizaron sobre la estructura atómica de la materia fueron hechas como trabajos de investigación pura, pues no se veía, para las mismas, aplicaciones concretas. No obstante, pocos años después, surgieron diversas formas de emplear dichos conocimientos, algunas de ellas tan terroríficas como las bombas atómicas.

            La investigación aplicada persigue, en cambio, fines más directos e inmediatos. Tal es el caso de cualquier estudio que se proponga evaluar los recursos humanos o naturales con que cuenta una región, para poder elaborar posteriormente un plan de desarrollo para la misma, o las investigaciones encaminadas a conocer las causas que provocan una enfermedad, con el fin de proteger la salud.

            La investigación pura y la aplicada no son dos formas contrapuestas y desligadas entre sí. En este caso existe una complementación muy estrecha, de modo tal que una forma de trabajo no puede concebirse ni entenderse plenamente sin el concurso de la otra.

            Debemos aclarar, además, que ambos tipos de investigación son modelos ideales, pero que muchas veces se realizan estudios que tienen aspectos combinados, por lo que dicha clasificación debe entenderse preferentemente como un recurso analítico para estimular al investigador a clarificar sus objetivos, más que como una disyuntiva ante la cual hay que optar por una u otra alternativa.

            Pero los fines de una investigación deben también especificarse en cuanto al tipo de conocimiento que el científico espera obtener al finalizar su trabajo. Nos estamos refiriendo, en este caso, a los objetivos “internos o intrínsecos” de la investigación, o sea a la calidad de los hallazgos que pretendemos alcanzar. Para ello es necesario preguntarse ¿qué es lo que deseamos o podemos llegar a saber sobre nuestro tema en estudio? Es decir, ¿buscamos un simple conocimiento de tipo general, que nos aproxime al conocimiento del problema?, ¿deseamos una descripción, más o menos completa de una determinada realidad, o nos interesa saber por qué las cosas se producen de una cierta manera y no de otra? En este momento el investigador debe esforzarse por pensar con la mayor honestidad intelectual posible, para poder definir cuáles son sus propósitos y objetivos reales, y para evaluar hasta qué punto será posible alcanzarlos.

            Los tipos de investigación que más frecuentemente se plantean a los investigadores, desde el punto de vista de los objetivos intrínsecos, no son más que respuestas generalizadas a la preguntas formuladas anteriormente. Ellas son:

a) Exploratorias: Son las investigaciones que pretenden darnos una visión general, de tipo aproximativo, respecto a una determinada realidad. Este tipo de investigación se realiza especialmente cuando el tema elegido ha sido poco explorado y reconocido y cuando aún, sobre él, es difícil formular hipótesis precisas o de cierta generalidad. Suelen surgir también cuando aparece un nuevo fenómeno que, precisamente por su novedad, no admite todavía una descripción sistemática, o cuando los recursos que dispone el investigador resultan insuficientes como para emprender un trabajo más profundo. Tal es el caso de los estudios que, mediante sondas, se realizan sobre los planetas del sistema solar, o de las investigaciones que actualmente se efectúan para alcanzar algunos conocimientos primarios sobre parapsicología.

b) Descriptivas: Su preocupación primordial radica en describir algunas características fundamentales de conjuntos homogéneos de fenómenos, utilizando criterios sistemáticos que permitan poner de manifiesto su estructura o comportamiento. De esta forma se pueden obtener las notas que caracterizan a la realidad estudiada. Las mediciones y relevamientos que realizan los geógrafos son, por ejemplo, típicas investigaciones descriptivas; otros ejemplos de este tipo de trabajos los encontramos en las tareas que efectúan las agencias internacionales de las Naciones Unidas, cuando presentan informes sobre el crecimiento demográfico, el comercio internacional y otros muchos temas.

c) Explicativas: Son aquéllos trabajos donde nuestra preocupación se centra en determinar los orígenes o las causas de un determinado conjunto de fenómenos, donde el objetivo es conocer por qué suceden ciertos hechos, a través de la delimitación de las relaciones causales existentes o, al menos, de las condiciones en que ellos se producen. Este es el tipo de investigación que más profundiza nuestro conocimiento de la realidad, porque nos explica la razón, el por qué de las cosas, y es por lo tanto más complejo y delicado, pues el riesgo de cometer errores aumenta considerablemente. Sobre su base puede decirse, se construye el edificio de la ciencia, aunque no por esta razón deban desdeñarse los tipos anteriores, ya que los mismos son, casi siempre, el paso previo indispensable para poder luego intentar una explicación.

            Los tipos precedentes de investigación tampoco pueden concebirse como totalidades cerradas y excluyentes. En realidad se puede hablar de una cierta gradación desde los tipos más simples de trabajo –exploratorios– hasta los conocimientos más esenciales, que surgen de las investigaciones explicativas, pasando por las investigaciones que nos proporcionan descripciones sistemáticas y detalladas. Un estudio descriptivo puede ser la continuación de otro exploratorio, aunque evidentemente esto no puede darse en un sentido inverso ya que es necesario alcanzar un conocimiento relativamente amplio de una situación antes de intentar describirla orgánicamente. Del mismo modo ocurre con las investigaciones explicativas.

            La tarea investigadora sobre un problema no tiene por qué reducirse a uno solo de estos campos de acción, pues hay casos en que pueden llevarse a cabo trabajos exploratorio-descriptivos o descriptivo-explicativos, de acuerdo a la naturaleza del problema y del estado de los conocimientos en esa área temática.

3. Delimitación temática

            La delimitación del tema a investigar es una etapa ineludible en todo proceso de obtención de conocimientos, porque nos permite reducir nuestro problema inicial a dimensiones prácticas dentro de las cuales es posible efectuar los estudios correspondientes. En otras palabras, delimitar un tema significa enfocar en términos concretos nuestras áreas de interés, especificar sus alcances, determinar sus límites.

            Para poder hacerlo es necesario tener en primer lugar, una idea cabal del estado actual de los conocimientos en ese campo, conocer los últimos avances significativos al respecto y los puntos que requieren de un mayor esfuerzos para su elucidación y clarificación. Se requiere entonces una revisión bibliográfica lo más amplia posible, acudiendo especialmente a revistas científicas, informes y monografías, materias que reflejan con más dinamismo que los libros los adelantos que se producen.

            Una vez situado el investigador en la perspectiva señalada puede ya, con elementos de juicio sólidos, definir en concreto el campo en que habrá de trabajar. Es error común en los principiantes el dejar poco clarificado este campo, por lo que en las subsiguientes etapas se encuentran frente a dificultades verdaderamente insolubles, al estar investigando varias cosas a la vez sin precisar hacia dónde deben concretarse sus esfuerzos. Si, por ejemplo, estamos interesados en el tema general de las migraciones, será necesario delimitar específicamente en qué contexto habremos de movernos. Sería difícil averiguar, en el curso de un solo trabajo, los motivos que llevaban a la gente a cambiar de residencia dentro del Imperio Romano, de la época de la conquista de América y de quienes se desplazan de un país a otro dentro de la Europa actual. Es decir, el tema de las migraciones admite la posibilidad de ser estudiado en ámbitos geográficos e históricos marcadamente diferenciados, que muchas veces requieren de un instrumental metodológico también diferente, por lo que debe ser delimitado concretamente para poderlo abordar con éxito.

            Esta delimitación habrá de efectuarse en cuanto al “tiempo” y al “espacio” para situar nuestro problema en un contexto definido y homogéneo. Así, en nuestro ejemplo, podríamos referirnos a las migraciones internas en Venezuela a partir de 1937, y especificar además que habremos de estudiar con mayor atención aquéllas que se producen con rumbo a Caracas a partir de 1968, o cualquier otra delimitación semejante.

            Pero no basta sólo con delimitar esta coordenadas de espacio y tiempo. Los motivos que impulsan a la gente a migrar son muy variados, y diferentes de acuerdo a las características sociales de los emigrantes. Existe un aspecto puramente psicológico del problema, un aspecto social, ocupacional, económico, etc., así como una problemática particular de los emigrantes según su origen rural o urbano, su edad, sexo y demás condiciones. Elegir de entre estas posibilidades un área específica y concreta, que posea una relativa homogeneidad, e indicar con qué profundidad vamos a encararla, es lo que llamaremos delimitar el tema en cuanto a su “contenido”.

            Se trata de una tarea que resulta difícil de realizar cuando no se tienen amplios conocimientos previos sobre el tema. Aquí es necesario que el investigador haga una amplia revisión de la bibliografía existente, especialmente de las obras donde se enfocan los problemas de interés desde un punto de vista general y amplio. Con esto se evitan innecesarias repeticiones y se pueden explorar los diversos ángulos que plantean los temas que nos preocupan. Debemos aclarar, finalmente, que en muchos casos es imposible hacer una delimitación en cuanto al contenido si no hemos avanzado ya bastante en lo relativo a formular un marco teórico, pues existe una relación íntima entre ambas tareas. Las etapas de una investigación, de esta manera, se entrelazan y se complementan, de modo tal que nos obligan a efectuar constantes revisiones de los aspectos anteriores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes