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Principal - Indice

 

 

 

 

 

 

 

INDICADORES E ÍNDICES

 

1. Operacionalización de las variables

            El resultado del marco teórico es un conjunto de proposiciones orgánicas que sitúan dentro de una perspectiva más amplia al problema en estudio; dichas proposiciones incluyen generalmente una hipótesis a ser verificada y un conjunto de variables o conceptos mediante los cuales es posible el análisis de los fenómenos investigados. Tenemos, por otra parte un diseño específico para la investigación que nos indica la forma en que los conceptos mencionados deben ser puestos en contacto con los hechos empíricos, dentro de un método que asegure la mayor confiabilidad y validez posibles. Llegado a este punto nos resta, sin embargo, otra tarea, que se hace indispensable para poder recoger los datos que verifiquen nuestra hipótesis. Se trata de la operacionalización de las variables, que definimos como el proceso que sufre una variable (o un concepto en general) de modo tal que a ella se le encuentran los correlatos empíricos que permiten evaluar su comportamiento en la práctica.

            Si nos interesa conocer por ejemplo, si existen o no prejuicios raciales dentro de una población, será necesario encontrar algunos elementos que nos indiquen la presencia de ellos. Los prejuicios no se pueden "ver" directamente, y sólo pueden ser percibidos cuando se expresan a través de hechos empíricos. Seleccionar estos hechos, estos elementos fácticos a partir de los cuales se podrán obtener los datos que permitan describir el comportamiento de las variables, es lo que se llama operacionalización de las variables o de los conceptos teóricos. Este problema se resuelve mediante el hallazgo de indicadores, que no son otra cosa que esos elementos que nos permiten medir prácticamente el comportamiento de las variables. En nuestro caso los indicadores de los prejuicios raciales serán la existencia o no de matrimonios interraciales, la distribución de los empleos entre personas de las diferentes comunidades étnicas, las restricciones al uso de elementos comunitarios, las actitudes que se expresan en el trato cotidiano, en los medios masivos de difusión, etc. De entre todos estos indicadores deberemos escoger aquellos que resulten de mayor relevancia para medir el concepto en cuestión, y que se adecuen más a los medios de que disponemos. 

            Para poder llegar a operacionalizar una variable es necesario partir primeramente de la definición teórica que ya se han elaborado, y de las dimensiones que se le han encontrado a la misma en caso de tratarse de una variable compleja. Para proceder a la medición de la variable es preciso elaborar otra definición, ya totalmente concreta, de la misma. Esta definición hará referencia a sus indicadores, a los elementos que nos indican su valor de una manera práctica. Se pasará sólo entonces a la medición de estos indicadores, que nos darán una idea exacta del valor de la variable.

            Así, si desde el punto de vista teórico pudiéramos definir las migraciones como el desplazamiento permanente de la población (def. teórica), nuestra definición operacional se referirá. a los saldos netos de las diferencias censales descontado el crecimiento vegetativo. Se trata, como se ve, de la misma idea, presentada ahora de una forma operacional tal que permite encontrar rápidamente los datos empíricos correspondientes.

            La tarea de búsqueda y selección de indicadores es una tarea delicada, que exige al investigador mucho cuidado, y que sólo puede realizarse con éxito cuando éste posee una experiencia suficiente. Sucede a veces que existen muchos indicadores posibles para una misma variable y resulta difícil encontrar cuáles son los más apropiados para describirla. En otros casos los indicadores encontrados no son fáciles de medir y deben ser suplantados por otros menos confiables, pero más asequibles a los medios disponibles por el investigador. Suele observarse, en otras situaciones, que algunos de los indicadores encontrados no miden exactamente la variable en cuestión sino algún aspecto conexo o colateral, que en realidad posee menor relevancia. Para discernir y actuar adecuadamente frente a esta tarea, que es eminentemente práctica, se requiere entonces de una aguda intuición y, más que nada, de sólidos conocimientos sobre el tema investigado. De otro modo se corre el grave riesgo de caer en posturas subjetivas, echando por tierra todo el trabajo teórico hecho previamente.

            Del mismo modo que las variables son susceptibles de ser operacionalizadas, a través de los indicadores correspondientes, las hipótesis elaboradas teóricamente como relaciones entre variables pueden también sufrir el mismo proceso. Así, para comprobar o refutar una hipótesis ésta debe ser "traducida", puesta en términos operacionales. Para ello se operacionalizan cada una de las variables que intervienen en la hipótesis, definiendo sus indicadores. Luego se procede a relacionar las definiciones operacional es de las variables entre sí, del mismo modo en que se hacía al formular las hipótesis general o teórica. Así se obtiene una hipótesis operacional, que puede ser directamente comprobada o refutada en la práctica.

2. Problemas de medición

            Aun en los problemas teóricos más abstractos es preciso tener en cuenta algunos problemas de medición de los conceptos involucrados. Porque si afirmamos (ver gráfico), que a mayor desarrollo económico se incrementa la importancia de las llamadas "nuevas clases medias", nos surgen enseguida algunas preguntas metodológicas evidentes: ¿cómo determinamos que hay más o menos desarrollo económico?, ¿cómo evaluamos la importancia de cierta clase dentro del conjunto social? Se necesita entonces de algún criterio para evaluar en concreto el comportamiento de los factores mencionados lo cual equivale -desde el punto de vista lógico- aun problema de medición que no es en esencia diferente al que se presenta cuando queremos medir la longitud de un objeto físico cualquiera.

            La idea de medición, de medida, es intrínsecamente comparativa. Medir algo es determinar cuantas veces una cierta unidad de medición, llamada patrón de medida, cabe en el objeto a medir. Para medir la longitud de un objeto físico nosotros desplazamos una regla o cinta graduada sobre el mismo, observando cuántas unidades (en este caso centímetros o metros) abarca el objeto en cuestión. Es decir que comparamos el objeto con nuestro patrón de medición para determinar cuántas fracciones del mismo incluye.

            La medición de variables no físicas resulta, en esencia, un proceso idéntico al anterior. La dificultad reside en que las variables de este tipo no pueden medirse con escalas tan sencillas como las lineales y en que, por otra parte, no existen para su comparación patrones de medida universalmente definidos y aceptados. Si deseamos medir el peso de un objeto podremos expresar el valor del mismo en kilogramos, libras o cualquier otra unidad que, de todas maneras, tiene un equivalente fijo y constante con las otras que se utilizan. En cambio, para medir el grado de autoritarismo de un dirigente no existe ni una unidad ni una escala generalmente reconocidas, por lo que el investigador se ve obligado a elegir alguna de las que se hayan utilizado en otros trabajos o, lo que es más frecuente, a construir una adaptada a sus necesidades específicas. Resulta visible, además, que el grado de autoritarismo no es una variable simple como el peso o la longitud, sino una resultante compleja de una multitud de acciones y actitudes parciales. Por esta razón, medir un concepto como el del ejemplo implica realizar una serie de operaciones que no tienen lugar en el caso de variables como el peso o la longitud: será necesario definir las dimensiones que integran la variable, encontrar indicadores diversos que la reflejen, y construir una escala apropiada para el caso.

            Una escala puede concebirse como un continuo de valores ordenados correlativamente, que puede admitir un punto inicial y otro final. Si evaluamos el rendimiento académico de estudiantes podemos asignar el valor cero al mínimo rendimiento imaginable al respecto; al mayor rendimiento posible podemos atribuirle un valor de 100 puntos (o de 20, 10, 7, 4, según nos resulte más práctico). Con estos dos valores tendríamos ya marcados los límites de nuestra escala; para concluir de confeccionarla será necesario asignar a los posibles rendimientos intermedios puntajes también intermedios. Con ello estaremos ante una escala capaz de medir la variable rendimiento académico, a través de los indicadores concretos de los trabajos presentados por los estudiantes, de sus pruebas, exámenes y otras formas de evaluación posibles.

            Para que una escala pueda considerarse como capaz de aportar información objetiva debe reunir los dos siguientes requisitos básicos:

a) Confiabilidad: se refiere a la consistencia interior de la misma, a su capacidad para discriminar en forma constante entre un valor y otro. "Cabe confiar en una escala -anotan Goode y Hatt- cuando produzca constantemente los mismos resultados al aplicarla a una misma muestra", es decir cuando siempre los mismos objetos aparezcan valorados en la misma forma.

b) Validez: indica la capacidad de la escala para medir las cualidades para las cuales ha sido construida y no otras parecidas. Una escala confusa no puede tener validez, lo mismo que una escala que esté midiendo, a la vez e indiscriminadamente, distintas variables superpuestas. "Una escala tiene validez cuando verdaderamente mide lo que afirma medir".

            Existen diferentes tipos de escalas de acuerdo a la rigurosidad con que han sido construidas, y al propio comportamiento de las variables que miden. Se acostumbra a clasificarlas en cuatro tipos generales que son los siguientes: escalas nominales, ordinales, de intervalos iguales, y de cocientes o razones.

            Escalas nominales son aquellas en que sólo se manifiesta una equivalencia de categorías entre los diferentes puntos que asume la variable. Es como una simple lista de las diferentes posiciones que puede adoptar la variable, pero sin que en ella se discrimine ningún tipo de orden o de relación. Si en una investigación sobre producción agrícola queremos determinar los cereales que se cultivan en una cierta región, tendremos una variables que se designará como "cereal cultivado" en cada unidad. Los distintos valores que esa variable reconoce serán, concretamente: trigo, maíz, centeno, etc. Entre estos valores no cabe ninguna jerarquía, no se puede trazar ningún ordenamiento. Sin embargo, a la enunciación explícita de todas estas posibilidades la consideraremos como una escala, pues de algún modo es útil para medir, para determinar en qué posición se halla la variable en cada caso.

            Escalas ordinales: distinguen los diferentes valores de la variable, jerarquizándolos de acuerdo a un rango. Establecen que existe una gradación entre uno y otro valor de la escala, de tal modo que cualquiera de ellos es mayor que el precedente y menor que el que le sigue a continuación. Sin embargo no dejan en claro cuál es la distancia entre un valor y otro, de tal modo que ésta queda indeterminada. En otras palabras, sólo nos esclarecen sobre el rango que las distintas posiciones guardan entre sí. Un ejemplo de ello sería el caso de la variable "escolaridad": podemos decir que una persona que ha tenido 2 años de instrucción escolar ha recibido más de ésta qué quien sólo tiene un año, y menos que quien posee tres. Sin embargo no puede afirmarse válidamente que la diferencia entre quien posee 2 años de instrucción y quien ha recibido un año es igual a la diferencia entre quienes han recibido 16 y 17 años de educación formal. Por tanto, como no podemos determinar la equivalencia entre las distancias que separan un valor de otro, debemos concluir que la escala pertenece a la categoría ordinal. 

            Las escalas de intervalos iguales, además de poseer la equivalencia de categorías y el ordenamiento interno entre ellas, como en el caso de ordinales, tienen la característica de que la distancia entre sus intervalos está claramente determinada, y que éstos son iguales entre sí. Un ejemplo típico de las escalas de intervalos iguales está dado por las escalas termométricas. Entre 23 y 24 grados centígrados, por ejemplo, existe la misma diferencia que entre 45 y 46 grados. Muchas otras escalas, como las que surgen de test psicológicos, de rendimiento etc. , son de este tipo. La limitación que poseen es que no definen un cero absoluto, un valor cero que exprese realmente la ausencia completa de la cualidad medida. Por ello no se pueden establecer equivalencias matemáticas como las de proporcionalidad: no puede afirmarse que 24°C es el doble de temperatura que 12°C, porque el cero de la escala es un valor arbitrario y no se corresponde con la ausencia absoluta de la variable que se mide.

            Por último tenemos las escalas de cocientes, llamadas también de razones. En ellas se conservan todas las propiedades de los casos anteriores pero además se añade la existencia de un valor cero real, con lo que se posibilitan las operaciones aritméticas como la de obtención de razones o cocientes. Esto quiere decir que, por ejemplo, un valor de 20 en una escala de este tipo es el doble de un valor de 10, o las dos terceras partes de un valor de 30. Un caso de escalas de cocientes es el de las de longitud, o el de las de peso, intensidad de corriente eléctrica, etc. Difícilmente las variables que se emplean en las ciencias humanas son medidas con escalas de razones, pues son contados los casos en que los valores de las variables pueden ser definidos con la exactitud y precisión necesarias. Las ciencias económicas son la que, en este campo, pueden exhibir un mayor desarrollo.

            Por último queremos apuntar un par de características que deben ser tenidas muy en cuenta a la hora de confeccionar una escala de medición. Nos referimos al hecho de que, cuando construimos una escala cualquiera, los intervalos que marquemos deben ser mutuamente excluyentes, de modo tal que cada dato recogido pueda ser incluido en una, y sólo en una, de sus categorías. Nunca se debe pues comenzar un intervalo con el mismo valor con que se finaliza el anterior, porque en ese caso aparecerán datos que pueden incluirse con igual razón en cualquiera de ambos. Del mismo modo, cuando se trata de categorías verbales, no puede haber imprecisiones que puedan producir el mismo fenómeno. Una escala donde se incluyen las siguientes categorías:

1.-Música bailable

2.-Música folclórica 

3.-Música clásica

4.-Música moderna 

etcétera.

es una escala donde las categorías no son mutuamente excluyentes, pues hay música folclórica que es a la vez bailable, música clásica que es moderna o bailable, etc.

            Otro hecho que debemos considerar es que una escala necesita ser exhaustiva, es decir que en ella puedan ubicarse todos los valores posibles de la variable a medir. En el caso de que resulte difícil construir una escala con todas estas posibilidades será preciso agregar el código "otros", para resumir allí toda la información que no sea correcto agrupar en las restantes posiciones.

3. Los índices. Su utilidad

            Supongamos que se desee evaluar el comportamiento de una variable, para la cual, una vez elaboradas las definiciones correspondientes, se hayan encontrado diversos indicadores capaces de expresar los valores que asume en distintos objetos. A través de cada indicador se podrán obtener los datos pertinentes, que deberán ser llevados a escalas adecuadas para ordenarlos. Por cada indicador que utilicemos será necesario adoptar o construir una escala adecuada, que cuantifique las observaciones. Esta podrá ser del tipo más simple, como la escala dicotómica "si-no", "0-1", de dos valores solamente, o más compleja con varias posiciones posibles, lo que aumenta su sensibilidad o grado de discriminación frente a los fenómenos medidos. Si es posible, se tratará de utilizar una escala de cocientes, o de intervalos iguales; en el caso de que no se pueda llegar a tanta precisión se adoptarán escalas ordinales, o aun nominales, dado el caso. De acuerdo a los datos obtenidos llegaremos a evaluar en cada escala el comportamiento que, en el objeto de estudio, sigue cada indicador. No obstante, ello todavía no nos permite medir claramente la variable, pues no nos entrega más que información fragmentaria, parcial, que debe ser integrada .o sintetizada para llegar aun valor único, final, que exprese lo que en realidad ocurre con la variable. Para lograrlo es que los valores de los indicadores se suman en forma ponderada, obteniéndose un valor total que se denomina índice, y que es el que a la postre nos permite una claridad sobre el problema en estudio.

            Para esclarecer prácticamente este punto nos remitiremos a dar un ejemplo detallado, mostrando cómo se opera para llegar al valor del índice ponderado.

            Nuestra variable puede ser: "Exposición a los medios de comunicación masivos", definida operacionalmente como la intensidad del contacto que un individuo o grupo posee con tales medios. Como existen varios medios importantes de comunicación de masas en nuestra sociedad, los indicadores se referirán al grado de exposición a que se está sujeto en cada medio. Después de un análisis del problema, nuestro hipotético investigador podrá llegar a la conclusión de que los principales medios de comunicación son los cuatro siguientes: cine, TV, radio y periódicos. Existen otros medios que también podrían ser incluidos, como la propaganda mural, las revistas, etc., pero en este caso hemos decidido dejarlos de lado porque parecen de menor importancia que los anteriores. Esta decisión puede ser objetada, pero es necesario comprender que en una investigación concreta deben tomarse en cuenta sólo los indicadores de mayor relevancia, pues de otro modo se encarece sensiblemente el trabajo, se hace más largo y complejo y, como ya se ha comprobado, no se cambian significativamente las conclusiones finales.

            Designados ya esos cuatro medios de comunicación como los más importantes habrá que especificar los indicadores que se adecuan a cada uno de ellos. Así, tendríamos:

Para el cine:

Frecuencia mensual de asistencia al cine. 

Para radio:

Promedio de horas semanales escuchadas. 

Para la TV :

Promedio de horas semanales vistas. 

Para los periódicos:

Promedio semanal de periódicos leídos.

 

            La razón de preferir estos indicadores sobre otros posibles surge de que cumplen con la condición de ser perfectamente factibles de determinar, y de que, según la experiencia, parecen ser los que mejor configuran la conducta respecto a cada caso.

            Ahora deberíamos construir una escala que resulte útil para medir cada indicador. Tomemos, para comenzar, el caso del cine. Conceptualmente podríamos discriminar aquí tres posiciones: la de quienes no están expuestos para nada a la influencia de este medio, la de quienes reciben una exposición media, y la de quienes reciben un alto grado de influencia. Estas tres ideas deben ser homologadas con conductas definidas cuantitativamente, buscando un equivalente entre los conceptos indicados y las conductas correspondientes. Para concluir es necesario buscar una equivalencia numérica dentro de la escala confeccionada. Tendríamos así:

            Esta escala de tres posiciones puede ser convertida fácilmente en una escala de 0 a 100, mediante una proporción simple, como luego veremos. Debemos advertir que los valores y los conceptos señalados no dejan de tener un cierto grado de arbitrariedad, es decir, de subjetividad. La escala podría tener más o menos posiciones, y las conductas equivalentes podrían variar según nuestro enfoque. Aquí lo que priva es el criterio del investigador, basado indudablemente en su experiencia sobre el tema, y complementado naturalmente con consultas a otros especialistas o a trabajos anteriores sobre el mismo problema. De todos modos siempre nos quedará un remanente de duda en cuanto a la validez y la confiabilidad de la escala, aunque éste se puede reducir mediante mediciones repetidas, correlación con otros indicadores y otros procedimientos técnicos.

            Para cada uno de los otros medios de comunicación tendremos que realizar una tarea semejante. A modo de ejemplo presentaremos las siguientes escalas:

 

 

            Estamos ahora en posesión de cuatro escalas, una para cada indicador, que son capaces de discriminamos las conductas de los individuos de acuerdo a situaciones típicas, señaladas por los conceptos teóricos. Para llegar al índice, que es el verdadero valor que nos ilustra acerca de la variable, será preciso hacer dos operaciones más: 1) igualar las escalas entre sí, llevándolas a un máximo común, y 2) ponderar los indicadores.

            Para igualar las escalas conviene tomar un valor único, con el cual haremos coincidir el máximo de cada una de ellas. Sea este valor 100, muy usado en estos casos por su practicidad. Entonces, la escala de exposición al cine, que tenía un máximo de dos puntos, tendrá ahora un máximo de cien. Su mínimo seguirá teniendo un valor de cero. El punto intermedio hallado, cuyo valor es de un punto, será, proporcionalmente, de 50 en la nueva escala. Gráficamente tendríamos:

Escala original

Escala equivalente

 

            Como se ve, se trata de la misma escala en realidad, sólo que se ha cambiado el valor numérico de sus puntajes. Para la radio y periódicos los proporciones serían:

 

 

Para la televisión:

 

            El segundo paso, la ponderación de indicadores, parte del problema de que, desde el punto de vista general de la importancia de la exposición de cada medio de comunicación, la influencia de cada uno de ellos es dispar. Es decir que una exposición muy alta a la TV y baja en los otros medios, es mayor de todos modos que una exposición muy alta a la radio y muy baja en los restantes. Eso porque cualitativamente la influencia de la exposición a la TV es mayor que la que proporciona la radio, porque se trata de un medio no sólo auditivo sino también visual. Ponderar no significa otra cosa que asignar, pesos, pesar la influencia relativa que cada indicador tiene respecto a la variable tomada en su conjunto. Para hacerlo otorgaremos valores numéricos cualesquiera a cada indicador, pero cuidando que la relación interna entre ellos nos refleje su mayor o menor importancia dentro del conjunto. Siguiendo con nuestro ejemplo podríamos asignar los siguientes valores relativos, que llamaremos coeficientes de ponderación.

Para la TV           10 

Para periódicos   7 

Para radio           4 

Para cine            3

 

            Para finalizar con nuestro ejemplo, ilustraremos con un caso concreto la forma en que se hace el cálculo del valor ponderado, del índice que nos mide la variable como un todo. Supongamos que una persona (o un grupo), haya expresado que: 

 

- Va al cine dos veces, promedio, por mes.

- Escucha unas 4 ó 5 horas de radio por semana.

- Ve unas 2 horas diarias de televisión (14 semanales).

- Lee un periódico por día (7 semanales).

 

            Las operaciones a realizar quedan resumidas en el siguiente cuadro:

 

 

 

            El valor del índice ponderado se halla entonces mediante la siguiente sencilla operación.

 

            Este es el valor que, en suma, nos interesa. El índice ponderado nos está expresando que, para la persona o promedio de personas considerados, existe un grado de exposición de 68,2 sobre un máximo posible de 100 y un mínimo posible de 0 puntos. Tal valor, dado que la escala va de 0 a 100, puede traducirse a porcentajes, diciendo que la exposición a los medios de comunicación de masas es, para este caso, de un 68 por ciento de la máxima posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes