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Principal - Indice

 

 

 

 

 

 

 

INSTRUMENTOS DE RECOLECCIÓN DE DATOS

 

1. Indicadores, técnicas e instrumentos

            Si tenemos presente el modelo de investigación por el que nos estarnos guiando (véase LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA 2.) se percibirá que, una vez obtenidos los indicadores de los elementos teóricos y definido el diseño de la investigación, se hará necesario estructurar las técnicas dé recolección de datos correspondientes, para así poder construir los instrumentos que nos permitan obtener tales datos de la realidad.

            Un instrumento de recolección de datos es, en principio, cualquier recurso de que pueda valerse el investigador para acercarse a los fenómenos y extraer de ellos información. Ya adelantábamos que dentro de cada instrumento concreto pueden distinguirse dos aspectos diferentes: una forma y un contenido. La forma del instrumento se refiere al tipo de aproximación que establecemos con lo empírico, a las técnicas que utilizamos para esta tarea; una exposición más detallada de las principales es la que se ofrece al lector en este mismo capítulo. En cuanto al contenido éste queda expresado en la especificación de los datos concretos que necesitamos conseguir; se realiza, por lo tanto, en una serie de ítems que no son otra cosa que los indicadores bajo la forma de preguntas, de elementos a observar, etc. De este modo, el instrumento sintetiza en sí toda la labor previa de investigación: resume los aportes del marco teórico al seleccionar datos que corresponden a los indicadores y, por lo tanto, a las variables o conceptos utilizados; pero también expresa. todo lo que tiene de específicamente empírico nuestro objeto de estudio, pues sintetiza a través de las técnicas de recolección que emplea, el diseño concreto escogido para el trabajo.

 

            Es mediante una adecuada construcción de los instrumentos de recolección que la investigación puede manifestar entonces la necesaria correspondencia entre teoría y práctica; es más, podríamos decir que es gracias a ellos que ambos términos pueden efectivamente vincularse. Si en una investigación ellos son defectuosos se producirán, inevitablemente, alguna de las dos dificultades siguientes: o bien los datos recogidos no servirán para satisfacer los interrogantes iniciales planteados, o bien esos datos serán imposibles de obtener, vendrán falseados o distorsionados, etc., porque el instrumento no se adecua al tipo de hecho en estudio. En ambos casos habrá habido, seguramente, uno o varios errores en las partes anteriores del proceso. Será entonces necesario volver hacia atrás (cosa mucho más frecuente en toda investigación de lo que el lector puede imaginar) y revisar las diferentes etapas hasta alcanzar una mejor aproximación al problema.

            Situada así esta problemática pasaremos seguidamente a estudiar las principales técnicas de recolección de datos que se emplean, no sin antes explayamos brevemente acerca de los mismos datos, y de sus diferentes tipos.

2. Datos primarios y secundarios

            Ya hemos hablado (ver EL DISEÑO DE INVESTIGACIÓN 2.) de que por su naturaleza los datos pueden subdividirse en dos grandes grupos según su procedencia: datos primarios y datos secundarios. Los datos primarios son aquellos que se obtienen directamente a partir de la realidad misma, sin sufrir ningún proceso de elaboración previa. En otras palabras, son los que el investigador o sus auxiliares recogen por sí mismos, en contacto con la realidad. Los datos secundarios, por otra parte, son registros escritos que proceden también de un contacto con la práctica, pero que ya han sido recogidos, y muchas veces procesados, por otros investigadores. Las técnicas de recolección que se emplean en uno y otro caso son bien disímiles, como es fácil de comprender, puesto que en un caso nos enfrentamos a la compleja y cambiante realidad y en el otro nos vemos ante un cúmulo de materiales dentro de los cuales es preciso discernir con criterio los más pertinentes. 

            Sin embargo, datos primarios y secundarios no se oponen entre sí, sino que más bien están encadenados indisolublemente: todo dato secundario ha sido primario en sus orígenes, y todo dato primario, a partir del momento en que el investigador concluye su trabajo, se convierte en dato secundario para los demás.

            En la experiencia cotidiana también apelamos constante- mente a ambos tipos de fuentes. Supongamos, por ejemplo, que hemos arribado por primera vez a una ciudad, en la que queremos llegar a determinados sitios. Para poder lograr nuestro objetivo podemos ir tomando nota de las calles que atravesamos, de la ubicación de los monumentos, plazas y comercios principales, de modo tal que podamos formamos una idea que nos sirva de referencia para ubicamos. También podemos preguntar a los habitantes del lugar acerca de nuestros puntos de interés, dirigiéndonos a quines suponemos pueden estar mejor informados. En ambos casos estamos recogiendo datos primarios, en el primer caso mediante la técnica de la observación, en el segundo con el auxilio de las entrevistas. Por último podemos acudir a la información que nos proporcionan planos, mapas o guías turísticas; en este caso las fuentes de nuestros datos serán material previamente compilado y organizado por otras personas, por lo que los mismos serán datos secundarios.

            Este sencillo ejemplo tomado de la experiencia común no difiere, en esencia, de lo que ocurre al recoger datos para una investigación científica. Aquí nuestros procedimientos no han de ser más que desarrollos y perfeccionamientos mucho más sistematizados y rigurosos naturalmente, de las técnicas rudimentarias del ejemplo.

3. Recolección de datos primarios

            Siendo los datos primarios aquellos que surgen del contacto directo con la realidad empírica, las técnicas encaminadas a recogerlos tendrán que reflejar, necesariamente, toda la variedad y diversidad compleja de situaciones que se presentan en la vida real.

            Dentro de estas técnicas mencionaremos, en primer lugar, la de la observación, por ser fundamental en todos los campos de !a ciencia. La observación consiste en el uso sistemático de nuestros sentidos orientados a la captación de la realidad que queremos estudiar .Es por ello una técnica antiquísima, cuyos primeros aportes sería imposible. rastrear. A través de sus sentidos el hombre capta la realidad que lo rodea, que luego organiza intelectualmente. Fue a través de innumerables observaciones sistemáticamente repetidas que mayas y caldeos lograron penetrar en los secretos del movimientos de muchos cuerpos celestes; fue observando miles de casos concretos que finalmente Mendel pudo formular las leyes sobre la herencia. Los ejemplos podrían repetirse para todas las ciencias, para todas las épocas. Es que el uso de nuestros sentidos, que permanentemente empleamos, es una fuente inagotable de datos que, tanto para la actividad científica como para la vida práctica, resulta de primordial valor.

            Para todo el conjunto de las ciencias humanas existe además otro procedimiento de uso muy generalizado y de aplicaciones diversas. Se trata de la entrevista, que en esencia consiste en una interacción entre dos personas, una de las cuales -el investigador- formula determinadas preguntas relativas al tema en investigación, mientras la otra -el investigado- proporciona verbalmente o por escrito la información que le es solicitada.

            Existen además otros procedimientos de recolección de datos primarios, entre los que figuran el llamado cuestionario de autoaplicación, los test, los diagramas sociométricos, las escalas y diferenciales semánticos, etc. Sin embargo, por más que en sus desarrollos técnicos puedan ser manejados como procedimientos independientes, veremos más adelante que tienen su origen, en última instancia, en las dos principales técnicas mencionadas, pues constituyen en definitiva sólo derivaciones o usos particulares de las mismas. (Ver 6. y 7., donde se exponen tales técnicas).

4. La observación científica

            Decíamos que la observación puede definirse como el uso sistemático de nuestros sentidos, en la búsqueda de los datos que necesitamos para resolver un problema de investigación. Dicho de otro modo, observar científicamente es percibir activamente la realidad exterior, orientándonos hacia la recolección de datos previamente definidos como de interés en el curso de una investigación. La observación que se realiza cotidianamente, como parte de nuestra experiencia vital, no puede ser considerada como científica pues no está orientada hacia objetos preciosos de estudio, no es sistemática, y carece de controles o de mecanismos que nos pongan a cubierto de errores de subjetividad, confusiones, etc. De todos modos ese cúmulo de observaciones que -impremeditadamente- ha hecho toda persona, tiene un valor para el investigador: puede servir de punto de partida, de referencia inicial, para enfrentar luego el problema de realizar una observación verdaderamente científica.

            La ventaja principal de esta técnica, en el campo de las ciencias del hombre radica en que los hechos son percibidos directamente, sin ninguna clase de intermediación, colocándonos ante la situación estudiada tal como ésta se da naturalmente. De este modo la subjetividad propia del mismo objeto de estudio (que en este caso son también seres humanos), no juega para nada en los datos recogidos, con lo que se elimina una distorsión que es típica de las entrevistas.

            Su principal inconveniente reside en que la presencia del observador puede provocar, por sí sola, una alteración o modificación en la. conducta de los observados, destruyendo la espontaneidad de los mismos y aportando datos, por lo tanto, poco fiables. Todos los seres humanos, al saberse observados, tienden naturalmente a encubrir su conducta, pues hay muchas actividades, opiniones y actitudes que podemos tener en privado, pero nunca cuando sentimos que estamos siendo objeto de una observación, cuando nos situamos casi como si actuáramos en público. Supongamos que tratemos de escuchar la conversación que dos desconocidos mantienen en la calle, o en cualquier otro lugar público. Si nos acercamos, y si ellos perciben que nuestro interés es escuchar lo que están diciéndose, lo más probable es que disminuyan su tono de voz, que manifiesten algún grado de turbación o de enojo, y aun es posible que cesen en absoluto de conversar. Este tipo de reacción ante la presencia; de terceros debe tenerse en cuenta siempre que se pretenda utilizar esta técnica; para evitar tales perturbaciones se han elaborado dos procedimientos opuestos, que dan origen a dos tipos también diferenciados de observaciones.

 

            Por un lado, para evitar inhibiciones o alteraciones en la conducta de los sujetos observados, se tratará de pasar lo más desapercibido posible, actuando de tal manera que el observador no aparezca con contornos nítidos ante los observados, sino más bien como parte del "telón de fondo" de la situación. Si logramos esto mediante un comportamiento discreto y cuidadoso, contundiéndonos con el público en general, con actitudes y posturas que eviten que la atención caiga sobre nosotros, lograremos observaciones confiables y de buena calidad. Este es el tipo de observación que suele llamarse simple .

 

            La otra forma posible de que las personas no se sientan observadas se orienta hacia un procedimiento inverso: en este caso el observador, en vez de pasar desapercibido, trata de integrarse a la acción de los observados, de participar en ella como si se tratara de un miembro más del grupo que realiza la acción. Por ello se denomina a esta técnica observación participante.

4.1. Observación simple y participante

            La observación simple resulta útil y viable cuando se trata de conocer hechos o situaciones que de algún modo tienen un cierto carácter público, o que por lo menos no pertenecen estrictamente a la esfera de las conductas privadas. Es factible mediante este procedimiento conocer hábitos de compra, situándonos estratégicamente en los puntos de venta, relevar formas de comportamiento político, mediante la asistencia a actos de esa naturaleza, y conocer diversos aspectos de la conducta más manifiesta de las personas observadas: hábitos de vestimenta, de concurrencia a lugares públicos, de trato social, etc. Casi siempre sus resultados apuntan a los aspectos más superficiales o visibles de la realidad social, aunque no por ello pueda negarse su importancia.

 

            La observación simple puede adquirir también un carácter indirecto, si apelamos al auxilio de diversos instrumentos capaces de registrar aspectos auditivos o visuales del problema de interés. El uso de vidrios polarizados, de cintas magnetofónicas. filmadoras, cámaras de televisión y otros aparatos, es de indudable valor por la confiabilidad de sus registros y por su exactitud; es conveniente utilizar estos auxiliares siempre y cuando las circunstancias lo permitan. En las ciencias naturales gran parte de los datos recogidos provienen de instrumentos, que actúan como amplificadores o intermediarios entre nuestros sentidos y los objetos investigados, y que permiten tener acceso a informaciones que de otro modo estarían vedadas para nosotros. Por supuesto, la presencia de tales medios auxiliares debe plantearse de modo tal que no perturbe la acción o situación que se está investigando, porque de lo contrario sus efectos serían más bien contraproducentes.

 

            La observación participante, por otra parte, implica la necesidad de un trabajo casi siempre más dilatado y cuidadoso, pues el investigador debe primeramente integrarse al grupo, comunidad o institución en estudio, para, una vez allí, ir realizando una doble tarea: desempeñar algunos roles dentro del conjunto, a la par que ir recogiendo los datos que procura conseguir. Es preciso por lo tanto confundirse con las personas sobre las que recae la observación, como si se fuera una más de ellas, pero sin abandonar la actitud observadora. Con esto se consigue ser testigo de los hechos "desde adentro", y el observador no sólo puede percibir las formas más exteriores de la conducta sino también experimentar en carne propia las actitudes, los valores y los comportamientos. Se añade así toda una dimensión emocional, una carga de sentimientos vividos directamente que redunda en el enriquecimiento de los datos obtenidos y que permite reunir un cuerpo de información variado y completo, que por otra parte siempre es más confiable que el que se obtiene por medio de entrevistas, ya que los hechos se observan a medida que se producen, y tal como se producen.

            La observación participante puede llamarse natural cuando el observador pertenece al conjunto humano que investiga. Si un estudiante quiere hacer observación participante entre estudiantes, prácticamente no necesita hacer ningún esfuerzo para lograr su cometido, pues ya es estudiante. En este tipo de trabajo la observación se facilita grandemente, pues d observador no requiere ni de un entrenamiento especial ni de una actitud cuidadosa frente a los actos que produce.

            La observación participante, en cambio, se denomina artificial, cuando la integración del observador al grupo se hace con el objeto de desarrollar un trabajo de investigación. Cuando la distancia social entre observador y observado es poca la adecuación no es difícil. Así, en el caso de que quisiéramos observar la conducta de un grupo de jóvenes de clase media que se dedica al teatro, podríamos utilizar a algún observador que también fuese joven, y del mismo origen social, que tuviera inclinaciones por el arte, aunque no practicara, específicamente, el teatro. Sus propias características personales le facilitarían la entrada e integración al grupo, que se haría considerablemente más dificultosa en el caso de que su distancia social respecto a él fuese mayor. No obstante, aun en esas circunstancias puede utilizarse la observación participante, cuando no se conciba otra técnica capaz de dar iguales resultados. Hay etnólogos que han pasado períodos de hasta cuatro y cinco años conviviendo en comunidades de la selva o de regiones aisladas, puesto que no había otra forma factible de conocer a fondo las estructuras sociales y culturales de dichos pueblos.

 

            Para llegar a ser observador participante no se necesita llevar a cabo exactamente las mismas tareas que realizan los otros miembros del grupo; en lugar de ello puede hacerse: un intento de encontrar algún otro papel que sea aceptable, sin que divulgue la verdadera finalidad del observador. La observación participante puede variar desde una afiliación total al grupo hasta una participación limitada, condicionada, tanto en cuanto al tiempo como en cuanto a las funciones asumidas. En todos los casos el observador que asuma este papel deberá cuidarse de su aspecto personal, de sus gestos y ademanes, de las palabras y opiniones que expresa, para. no aparecer ante los otros como un participante anómalo, porque esto puede generar hacia él una actitud de desconfianza o un trato atípico, que pueden llegar hasta a distorsionar completamente las acciones grupales.

            Entre la observación simple y la participante no existe una línea demarcatoria precisa y fija. La observación sin participación puede llegar a ser muchas veces "cuasi participante", cuando el observador, accesoriamente, realiza algunas de las actividades colaterales en que participa el grupo o conjunto en estudio.

            En cuanto a las desventajas principales de la observación participante debemos mencionar las siguientes: el excesivo compromiso que adopta el observador frente al grupo puede llegar a provocar una identificación tan intensa que altere su objetividad y distorsione su percepción, o que acepte, dentro del grupo investigado, una sola de las posiciones posibles, por lo que se restringe su posibilidad de captarlo como una totalidad.

            Hasta aquí nos hemos referido al "observador", como si siempre se tratara de un solo individuo. En la práctica, sin embargo, y cuándo es posible y existen medios para ello, es conveniente efectuar las tareas de observación colectivamente, para poder tener una mayor cobertura de los sucesos, y para evitar los siempre posibles errores de percepción. Los datos pueden ser así confrontados o cotejados luego de su obtención, para enmendar errores o superar los vacíos que puedan existir. Cuando los sucesos de interés se dan dentro de colectividades pequeñas o muy sensibles es preferible reducir el número de observadores, pues una presencia colectiva puede causar más daños que beneficios.

 

            Por último debemos distinguir entre las observaciones que se hacen de situaciones producidas espontáneamente, en la misma vida social, de las que se llevan a cabo en situaciones controladas, experimentales, ya preparadas. En este último caso se facilita grandemente la tarea de seleccionar y registrar datos de valor.

4.2. Registro y formalización de la observación

            La tarea de observar no puede reducirse a una mera percepción pasiva de hechos, situaciones o cosas. Hablábamos anteriormente de una percepción "activa", lo cual significa concretamente un ejercicio constante encaminado a seleccionar, organizar y relacionar los datos referentes a nuestro problema. No todo lo que aparece ante el campo del observador tiene importancia y, si la tiene, no siempre en el mismo grado; no todos los datos se refieren a las mismas variables o indicadores, y es precio estar alerta para discriminar adecuadamente frente a todo este conjunto posible de informaciones.

            Resulta además indispensable registrar toda observación que se haga, para poder llegar luego a organizar lo percibido en un conjunto coherente. Para ello es inevitable tomar algún tipo de notas, de apuntes que vayan registrando todo lo percibido. Los medios más comúnmente utilizados para registrar informaciones son: cuadernos de campo, diarios, cuadros de trabajo, gráficos, mapas, etc. Sin entrar en detalles acerca de su uso y de sus particularidades, debemos reconocer que todos ellos son auxiliares valiosos pues nos permiten ir sistematizando y registrando un cúmulo de datos tal que, en ningún caso, podríamos confiar a la memoria.

            Sin embargo, el problema del registro puede llegar a ser sumamente delicado cuando se trata de la observación de fenómenos de tipo social. En muchas circunstancias es prácticamente imposible tomar notas durante el transcurso mismo de la observación, pues ello originaría sospechas y recelo, con lo cual se echarían por tierra todos los cuidados tomados. En esos casos conviene recurrir a notas rápidas, casi taquigráficas, para reducir en lo posible tal dificultad. En situaciones extremas no habrá más remedio que confiar en la memoria, con todas las limitaciones que esto inevitablemente supone. En tales casos lo recomendable es volcar por escrito todo lo recordado apenas concluya la situación de observación, sin dilación alguna. También se allana este inconveniente cuando los observadores son varios, pues pueden redactar independientemente sus informes para luego compararlos entre sí.

            En cuanto a los datos a registrar aparecen varias posibilidades. Es posible adoptar una posición flexible, recogiendo sólo aquellos datos que van apareciendo, anotando las impresiones generales que causan los sucesos, de una manera espontánea y poco organizada. Cuando así procedemos hablamos de una observación no-estructurada o no formalizada, que tiene la ventaja de su gran adaptabilidad frente a sucesos inesperados y la capacidad de no pasar por alto ningún aspecto importante que pueda producirse.

 

            Cuando, por el contrario, establecemos de antemano toda una pauta de observación que nos explicita detalladamente qué datos deberemos recoger llamamos a la observación estructurada o formalizada. Aquí la. ventaja principal es que recogemos datos que pueden cuantificarse más fácilmente, debido a su homogeneidad, y que podemos tener la certeza de que no hemos olvidado de registrar ninguno de los aspectos principales. Su desventaja radica en su poca flexibilidad frente a circunstancias no previstas, pero que pueden llegar a ser de sumo interés para la investigación.

 

            Naturalmente que pueden realizarse observaciones semiestructuradas, detallando más o menos la pauta de observación según las necesidades y posibilidades. La habilidad y experiencia de "un investigador se aprecian también en su capacidad para confeccionar el instrumento más adecuado a cada circunstancia.

5. La entrevista

            La entrevista, desde un punto de vista general, es una forma específica de interacción social. El investigador se sitúa frente al investigado y le formula preguntas, a partir de cuyas respuestas habrán de surgir los datos de interés. Se establece así un diálogo, pero un diálogo peculiar, asimétrico, donde una de las partes busca recoger informaciones y la otra se nos presenta como fuente de estas informaciones.

            La ventaja esencial de la entrevista reside en que son los mismos actores sociales quienes nos proporcionan los da tos relativos a sus conductas, opiniones, deseos, actitudes, expectativas, etc., cosas que por su misma naturaleza es casi imposible observar desde fuera. Nadie mejor que la misma persona involucrada para hablarnos acerca de todo aquello que piensa y siente, de lo que ha experimentado.

            Pero existe un inconveniente de considerable peso, que reduce y limita sus alcances. Cualquier personas entrevistada podrá hablarnos de aquello que le preguntemos, pero siempre nos dará la imagen que tiene de las cosas, lo que cree que son, a través de toda su carga subjetiva de intereses, prejuicios y estereotipos. La propia imagen que el entrevistado tiene de sí mismo podrá ser radicalmente falsa y, en todo Caso, estará siempre idealizada de algún modo, distorsionada, mejorada o retocada según factores que no es el caso analizar, pero que no podemos determinar .

 

            Este problema nos obliga a dejar fuera de esta técnica a un campo considerable de problemas y de temas que, por lo anterior, son explorados mejor por medio de otros procedimientos que resultan más confiables. Por otra parte nos obliga a utilizar, a veces, caminos indirectos, mediante preguntas que alcancen nuestro objetivo elípticamente utilizando todo tipo de rodeos. Es clásico el ejemplo de que las personas nunca contestan la verdad respecto a sus ingresos personales en dinero ya sea disminuyéndolos (ante el temor de estar frente a algún tipo de inspector de impuestos), o aumentándolos (con fines de ostentación social). Tal como en este caso el lector podrá imaginar una amplia variedad de preguntas a las que los entrevistados sólo nos proporcionarían respuestas inexactas o falsificadas, cuando no una reacción adversa que interrumpa toda comunicación.

            Para que una entrevista obtenga éxito es preciso prestar atención a una serie de factores aparentemente menores, pero que en la práctica son decisivos para un correcto desarrollo del trabajo. Así, es importante que toda la apariencia exterior del entrevistador resulte adecuada al medio social donde habrá de formular sus preguntas, evitando innecesarias reacciones de temor, agresividad y desconfianza. El entrevistador, aparte de este aspecto formal, deberá ser una persona de por lo menos una cultura media, que comprenda el valor y la importancia de cada dato recogido, y la función que su trabajo desempeña en el conjunto de la investigación. Tendrá que ser mentalmente ágil, no tener prejuicios marcados frente a ninguna categoría de personas y, sobre todo, ser capaz de dejar hablar libremente a los demás, dejando de lado todo intento de convencerlos, apresurarlos, o agredirlos por sus opiniones.

            La entrevista deberá realizarse a las horas más apropiadas según las características de la muestra, teniendo en cuenta que su posible duración no afecte la confiabilidad de sus datos.

            Queremos destacar que las entrevistas no son excluyentes frente a las técnicas de observación vistas antes (4.), ya que ambos procedimientos pueden ser combinados sin ninguna dificultad, tratando precisamente de compensar sus ventajas y deventajas, y logrando así una información mucho más cierta y amplia.

            Parece apropiado, además, despejar aquí la confusión que siempre vincula a entrevista con encuesta, como si se tratara de la misma cosa. Acerca de ello debemos decir, una vez más, que la encuesta es un modelo general de investigación, un diseño o método, que se apoya fundamentalmente en la técnica de recolección que es la entrevista, aunque también utiliza observaciones y datos secundarios. Por otra parte pueden realizarse entrevistas en otros tipos de diseños, como estudios de caso, experimentos, etc., sin que por ello estemos en presencia de una encuesta.

            Pasando ahora a la clasificación de los diversos tipos de entrevistas diremos que ellas pueden ordenarse como una serie, de acuerdo principalmente aun elemento: su grado de estructuración o formalización. Este concepto tiene aquí el mismo valor que el que le asignábamos al estudiar la observación científica (ver 4.); de ese modo, las entrevistas más estructuradas serán aquellas que predeterminan en una mayor medida las respuestas a obtener, que fijan de antemano sus elementos con más rigidez, mientras que las entrevistas informales serán precisamente las que discurren de un modo más espontáneo, más libre, sin sujetarse a ningún canon preestablecido. Ordenadamente, los distintos tipos de entrevistas (que desarrollaremos en los subpuntos siguientes) pueden representarse en el esquema representado más adelante.

5.1. Entrevistas no estructuradas

            Dentro de ellas tenemos diversos tipos, que varían en cuanto a sus fines y grado de estructuración. De un modo general una entrevista no-estructurada (o también no formalizada), es aquélla en que no existe una estandarización formal, habiendo por lo tanto un margen más o menos grande de libertad para formular las preguntas y las respuestas. Las formas más conocidas son las que exponemos a continuación. 

 

            Entrevista informal: es la modalidad menos estructurada posible de entrevistas ya que la misma se reduce a una simple conversación sobre el tema en estudio. Lo importante no es aquí definir los límites de la tratado ni ceñirse a algún tipo de esquema previo, sino "hacer hablar" al entrevistado, de modo de obtener un panorama de los problemas más salientes, de los mecanismos lógicos y mentales del respondente, de los puntos básicos para él. Es de gran utilidad en estudios exploratorios y recomendable cuando se trata de abordar realidades poco conocidas por el investigador. También suele utilizarse en las fases iniciales -aproximativas- de investigaciones de cualquier naturaleza, recurriendo a informantes claves que pueden ser expertos sobre el tema en estudio, líderes formales o informales, personalidades destacadas, etc. Lo principal aquí es dar la completa sensación al entrevistado de que puede hablar libremente, alentándolo y estimulándolo cautamente, para evitar influirlo con nuestras actitudes.

 

            Entrevista focalizada: es prácticamente tan libre y espontánea como la anterior, pero se caracteriza por tratar sobre un único tema. El entrevistador deja hablar al entrevistado, proponiéndole apenas algunas orientaciones pero, cuando éste se desvía del tema original y se desliza hacia otros distintos, el entrevistador vuelve a centrar la conversación sobre el primer asunto, y así repetidamente. Se emplean normalmente en situaciones experimentales, con el objeto de explorar a fondo alguna experiencia vivida en condiciones precisas. También es la forma más utilizada cuando nuestros informantes son testigos presenciales de hechos de interés, por lo que resulta adecuado a la vez insistir sobre los mismos, pero dejando entera libertad para captarlos en toda su riqueza. Esto ocurre también cuando se trata de interrogar a los actores principales de ciertos hechos o a testigos históricos. Tal tipo de entrevista requiere de gran habilidad en su desarrollo para evitar tanto la dispersión temática como las formas demasiado estructura das de interrogación.

 

            Entrevistas por pautas: son aquellas, ya algo más formalizadas, que se guían por una lista de puntos de interés, que se irá explorando en el curso de la entrevista. Los temas deben guardar una cierta relación entre sí. El entrevistador, en este caso,

 

 

 

hace muy pocas preguntas directas, y deja hablar al respondente siempre que vaya tocando algún tema de los señalados en la pauta. En el caso de que éste se aparte de ellos o que no toque alguno de los puntos en cuestión el investigador llamará la atención sobre ellos, aunque tratando siempre de preservar la espontaneidad de la interacción. Se usa en situaciones parecidas a las anteriores y cuando se presentan casos en que los sujetos investigados prefieren más un desarrollo flexible que uno rígido por sus propias actitudes culturales o necesidades personales.

            Todas estas formas de entrevistas, que tienen en común su poca formalización, poseen la ventaja de permitir un diálogo más profundo y rico, de presentar los hechos en toda su complejidad captando no sólo las respuestas a los temas elegidos sino también actitudes, valores, formas de pensar que subyacen en el entrevistado. Su principal inconveniente radica en que es poco práctico sistematizar un gran número de entrevistas de este tipo, organizándolas estadísticamente, pues pueden tener muy pocos puntos de contacto entre sí. Otra dificultad que no debe omitirse es su costo, pues involucran la presencia del personal especializado durante tiempos relativamente largos. Los problemas de registro pueden ser importantes, pues existe un gran número de palabras que es casi imposible registrar en su totalidad. Pueden utilizarse grabadores para solventar este inconveniente, aunque es preciso determinar previamente si la presencia de tales aparatos puede llegar o no a cohibir a los informantes.

5.2. Entrevistas formalizadas

            Estas se desarrollan en base a un listado fijo de preguntas, cuyo orden y redacción permanece invariable; comúnmente se administra a un gran número de entrevistados para su posterior tratamiento estadístico. Por este motivo es la forma de recolección de datos más adecuada para el diseño encuesta, tanto que a veces provoca confusiones entre instrumento y método.

 

            Entre sus ventajas principales mencionaremos su rapidez, su posibilidad de ser administradas por personas con mediana preparación, etc., todo lo cual redunda en su bajo costo. Otra ventaja evidente es su posibilidad de procesamiento matemático, ya que al guardar homogeneidad sus respuestas resultan comparables y agrupables. Su desventaja mayor estriba en que reducen grandemente el campo de información registrado, ya que se limitan a una lista taxativa de preguntas.

            Esta lista de preguntas, que es el instrumento concreto de recolección empleado en este caso, recibe el nombre de cuestionario, y puede ser administrado sin que necesariamente medie una entrevista (ver 6.). Debe ser cuidadosamente redactado, evitando repeticiones, preguntas confusas o de doble sentido, y tratando de conservar un orden lógico lo más riguroso posible.

            Pueden lograrse entrevistas con cuestionarios que resulten más o menos estructurados, según el tipo de preguntas que allí se incluyan. Para ello suelen dividirse las preguntas en dos grandes tipos: a) de alternativas fijas; b) de final abierto.

            Las preguntas de alternativas fijas, llamadas comúnmente cerradas, formalizan más el cuestionario, pues en ellas sólo se otorga al entrevistado la posibilidad de escoger entre un número limitado de respuestas posibles. Si se pregunta "¿Cree Ud. en los OVNIS, sí o no?", estaremos ante una típica pregunta cerrada. No importa la cantidad de alternativas ofrecidas, sean éstas dos, tres, o veinte, si el respondente no puede elegir una respuesta que esté fuera de la lista, la pregunta se habrá de considerar cerrada. Hay que tener sumo cuidado en la redacción de estas alternativas, procurando especialmente que ellas sean exhaustivas y mutuamente excluyentes, tal como ocurría para la confección de escalas (consultar INDICADORES E ÍNDICES 2. para mayor información al respecto).

            Las preguntas de final abierto, llamadas simplemente abiertas, proporcionan una variedad más amplia de respuestas pues ellas pueden ser expresadas libremente por el respondente. Su redacción debe ser también muy cuidadosa para evitar respuestas confusas o erróneas. Un ejemplo de este tipo sería preguntar "¿qué opina Ud. acerca de los OVNIS?"; como puede verse, la respuesta aquí puede ser infinitamente variada, según la opinión de cada persona consultada. La información que se obtendrá será mucho más completa y valiosa con esta pregunta que con el ejemplo anterior, pero el trabajo de procesamiento de los datos, en compensación, habrá de ser también mucho mayor.

            Una vez que se redacta el conjunto de preguntas que constituyen un cuestionario es necesario revisar éste una y otra vez para asegurarse de su consistencia y eliminar los posibles errores u omisiones. En muchos casos se acostumbra a realizar lo que se llama una prueba piloto, que consiste en administrar el cuestionario aun conjunto reducido de personas para calcular su duración, conocer sus dificultades y corregir sus defectos, antes de aplicarlo a la totalidad de la muestra.

            Durante las entrevistas se utilizan frecuentemente ayudas visuales (fotografías, esquemas, tarjetas con frases o palabras, etc.), que contribuyen a veces a obtener conocimientos mas completos y que, en otros casos, cumplen la función de preservar la objetividad, evitando que la forma en que se pronuncia o describe algo introduzca un rasgo subjetivo en las respuestas.

6. El cuestionario autoadministrado

            Decíamos antes que el cuestionario, instrumento indispensable para llevar a cabo entrevistas formalizadas, puede, sin embargo, usarse independientemente de éstas. En tal, caso se entregará al respondente dicho cuestionario para que éste, por escrito, consigne por sí mismo las respuestas. Por la similitud de instrumentos empleados esta técnica puede considerarse como una derivación o forma muy particular de la entrevista, aunque es claro que no se trata de una entrevista, pues no existe allí el elemento de interacción personal que la define.

            La ventaja principal de tal procedimiento radica en la gran economía de tiempo y personal que implica, ya que los cuestionarios pueden enviarse por correo, dejarse en algún lugar apropiado, o pueden administrarse a grupos reunidos al efecto. Otra ventaja es que la calidad de los datos obtenidos se incrementa pues, al desaparecer la situación de interacción, se eliminan las posibles distorsiones que la presencia del entrevistador puede traer, ya sea por la forma de hablar, de enfatizar palabras u oraciones, de dirigir inconscientemente las respuestas, o ya sea por su misma presencia física, que puede retraer o inhibir al entrevistado.

            Su desventaja está en que se impide de esta forma conocer las reacciones reales del informante ante cada pregunta, lo que de otro modo resulta perceptible mediante la observación. También las confusiones y malentendidos pueden multiplicarse, pues no existe la posibilidad de consultar sobre dudas o de orientar una respuesta hacia su mayor profundización o especificación. Otro inconveniente es que, en ciertos casos, el respondente puede consultar con otras personas antes de expresar sus opiniones con lo que se pierden la espontaneidad e individualidad imprescindibles.

            Su empleo se hace útil en aquellos casos en que es factible reunir de una sola vez a un cierto número de personas (como en el caso de escuelas, centros laborales, etc.), contando con el asesoramiento de algún personal que se ubique para responder las dudas y ejemplificar casos confusos. También se hace conveniente este sistema cuando, por el tipo de información, pueden haber omisiones o falsedades deliberadas ante un entrevistador. Tales casos se presentan en cuestionarios sobre salud, problemas sexuales, experiencias con drogas, comisión de delitos, etc. Si además hacemos de la respuesta algo anónimo los problemas más graves al respecto habrán desaparecido. Antes de finalizar queremos agregar que muchas personas adoptan una actitud irresponsable o pierden el interés frente a cuestionarios autoadministrados, lo que es otro factor negativo para esta técnica.

7. Otras técnicas para recolectar datos primarios

            Las ciencias sociales han desarrollado ya una gran variedad de instrumentos y técnicas encaminadas a la recolección de datos, que difieren en bastante medida de las ya descriptas. Pero, en esencia, tales procedimientos no pueden considerarse sino como derivaciones específicas de las técnicas anteriores, como veremos seguidamente.

 

            Un instrumento interesante por sus aplicaciones a la Dinámica de Grupos es el sociograma, diseñado por F. Moreno. Consiste en un gráfico en que se expresan las atracciones y repulsiones que los miembros de un determinado grupo sienten entre sí, siendo por ello de suma utilidad para detectar fenómenos tales como liderazgo, existencia de sub-grupos internos y anomia. Se construye pidiendo a cada miembro que señale las personas que más congenian consigo y las que menos le atraen. Esta información se recoge mediante el uso de breves cuestionarios de dos o tres preguntas y luego es procesada para construir el diagrama correspondiente, donde se señalan con símbolos apropiados las relaciones solicitadas.

 

            Los test psicológicos emplean una gran variedad de técnicas específicas, que se combinan según los objetivos deseados. Una gran proporción de ellos acude a la formulación de preguntas ya anotadas en algún cuestionario apropiado, que es el test mismo, y que se autoadministra. En otros casos se propone a las personas o grupos la realización de ciertas actividades pautadas, observándose su desarrollo. Se registra el tiempo empleado en su ejecución, las reacciones que se produce, la forma de desempeño de roles, etc. Desde un punto de vista general estos test se pueden considerar como observaciones realizadas en condiciones artificiales, preparadas y definidas de antemano. Para el caso de analfabetos existen instrumentos similares, pero que se desenvuelven exclusivamente por medio de la técnica de la entrevista. 

 

            Las técnicas proyectivas se basan en presentar algún estímulo definido a los sujetos en estudio, para que ellos expresen libremente, a partir de estos estímulos, lo que piensan, ven o sienten. Generalmente se trata de dibujos, manchas, fotografías, etc., aunque también se apela a veces a estímulos verbales o auditivos. La recolección de datos, normalmente, se hace por medio de entrevistas poco formalizadas.

 

            Otras técnicas de interés son las escalas y los diferenciales semánticos, que pueden combinarse exitosamente con las entrevistas formalizadas. Para el caso de las escalas se pide al entrevistado que sitúe su opinión o actitud en una escala gráfica, que adopta, (ver gráfico), la siguiente forma:

 

 

 

            Se trata de un segmento, de dimensiones fijas y conocidas, sobre el cual deberá marcarse algún signo que indique la posición en que el entrevistado se sitúe. En el caso del ejemplo una posición totalmente favorable coincidirá con el extremo izquierdo y una totalmente desfavorable con el derecho. Midiendo luego la distancia en centímetros que separa a la marca hecha por el respondente respecto a uno cualquiera de los extremos se podrá obtener un valor numérico. que corresponde aun punto determinado de la escala. También es posible marcar en el segmento las posiciones intermedias o utilizar cualquier otro recurso gráfico que no sea un simple segmento: caras serias o alegres, termómetros, rectángulos, y todo aquello que puede reflejar una gradación, y que resulte atractivo a la vez que preciso. En los diferenciales semánticos lo que aparece en cada posición son oraciones que señalan conductas o actitudes típicas entre las cuales el entrevistado podrá escoger la que más coincide con sus opiniones.

8. Los datos secundarios

            Los datos secundarios suelen encontrarse diseminados, ya que el material escrito corrientemente se dispersa en múltiples archivos y fuentes de información. Pese a esto las bibliotecas son la mejor opción que se presenta al investigador, en especial en cuanto se refiere a libros, revistas científicas y boletines informativos. Tampoco deben dejarse de registrar otros lugares que pueden reunir información de este tipo: archivos y bibliotecas privadas, de organismos e instituciones estatales o de empresas, librerías, puestos de venta de periódicos, etc.

            Las bibliotecas ofrecen tres tipos de ficheros que, si son adecuadamente usados, proporcionan un cuadro completo de la información existente sobre un tema.

            Los ficheros por autor están ordenados alfabéticamente según el nombre de cada uno de ellos, con lo que es posible informarse de toda la bibliografía que puede consultarse sobre un determinado autor. Los ficheros temáticos ordenan las obras de acuerdo a una lista internacional y normalizada de temas y subtemas, lo que nos permite obtener un cuadro bastante completo de las obras existentes sobre el asunto de nuestro interés. Finalmente existen ficheros ordenados alfabéticamente de acuerdo a los títulos de los libros, lo que hace factible encontrar los trabajos de autores cuyos nombres no recordamos.

 

            Habiendo llegado a conocer la información disponible que resulte oportuna para nuestras investigaciones, el próximo paso será el de leer rápidamente la misma para calibrar su grado de interés y pertinencia, efectuando una primera selección.

 

            Es muy probable que, al ir revisando las obras, encontremos en ellas aspectos de interés que debamos o podamos emplear más adelante. Para recoger esta información, el instrumento de recolección de datos que se utiliza es la ficha.

 

            Las fichas suelen dividirse, según sus características, en cuatro tipos diferentes: bibliográficas, textuales, de contenido y mixtas. Todas ellas constan de algunos elementos comunes, que posibilitan su posterior inclusión en los trabajos de investigación. Estos son:

 

-Nombre del autor o autores 

-Título de la obra

-Editorial que la publicó

-Lugar y año de la edición

 

            Las fichas de tipo bibliográfico son una simple guía para recordar cuáles libros o trabajos han sido consultados o existen sobre un tema, y sólo poseen los cuatro elementos citados anteriormente. Las fichas textuales, además de poseer tal encabezamiento, constan de párrafos o trozos seleccionados que aparecen en la obra, o de estadísticas, cuadros, etc. Estos fragmentos se repiten exactamente tal como han sido escritos, sin la menor alteración, para respetar el trabajo creador de quien estamos citando. Las frases presentadas en las citas textuales deben encerrarse entre comillas. Las fichas de contenido, aparte de poseer los datos de referencia comunes a toda ficha, consisten en resúmenes o síntesis de párrafos, capítulos o aun de la obra toda. Es conveniente incluir en ellas el número de las páginas o capítulos resumidos, así como el índice general de la obra o un extracto del mismo. Estas fichas también se denominan fichas de resumen. Las fichas mixtas se elaboran integrando a la vez información textual y de libre creación del investigador. Resultan las más útiles y adaptables, aunque su realización exige algo más de criterio que la de las anteriores.

            Debemos advertir que las fichas pueden construirse en forma libre, adecuándolas a nuestros fines de trabajo, siempre y cuando anotemos de cada trabajo sus referencias básicas y seamos fieles al transcribir o sintetizar a los autores consultados. Es importante también manejar el material con orden y prolijidad porque de otro modo las tareas de ordenamiento de los datos y análisis se hacen muy difíciles y engorrosas; esto no quiere decir que debamos convertir la tarea de recolección de datos bibliográficos en una actividad formalista, recargada de minuciosidades que en nada aportan al desarrollo de un trabajo.

            Una vez concluido el trabajo de fichado de las fuentes se estará en condiciones de continuar con las operaciones propias del diseño bibliográfico: cotejo y evaluación de fuentes, análisis, síntesis y redacción (ver LOS DATOS Y SU PROCESAMIENTO 5., donde se continúa con este proceso).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes